Discurso del presidente de la Diputación, Elías Bendodo, en el pleno extraordinario del 175 aniversario de la institución

“AHORA NOS CORRESPONDE TRABAJAR, Y TRABAJAR MUY DURO”.

Estas palabras con las que hoy arranco mi intervención no son mías.

Proceden de un diputado de UCD que se quedó a las puertas de presidir la Diputación en 1979: Manuel López de Ayala.

A López de Ayala lo superó en votos un presidente que apostó por “recuperar la personalidad política de la Diputación como

órgano representativo de nuestra provincia”

Pero Enrique Linde fue más lejos y animó a sus compañeros de corporación a “acercarse a todos y cada uno de los pueblos y traer aquí sus inquietudes y necesidades”.

Hoy me gustaría recuperar estas ideas tan conciliadoras y tan cargadas de sentido común. 

Para eso es necesario despojarla de cualquier connotación política.

También debemos aislarlas del contexto histórico en el que se produjeron y darles un barniz de actualidad.

Porque hoy más que nunca “nos corresponde trabajar, y trabajar muy duro”, como decía López de Ayala hace más de 30 años.

Como saben atravesamos una coyuntura económica muy complicada, quizás la más difícil de las últimas décadas.

Se cuestiona todo: nuestro sistema financiero, la división territorial, las instituciones, el papel de los políticos y la educación de nuestros hijos.

Con la que está cayendo y con un futuro tan incierto ante nosotros hoy nos toca reivindicar la vigencia de una administración con 175 años de historia.

La verdad es que en los tiempos que corren 175 años es una eternidad.

En 175 años se ha sobrevivido a periodos bélicos y convulsas transformaciones sociales.

Hemos sobrevivido también a declives industriales, a penurias extremas, a movimientos poblacionales y a regímenes políticos de diferente naturaleza.

En una palabra: la Diputación HA SOBREVIVIDO y si ‘sobrevivir’ es la palabra que distingue este aniversario es porque la Diputación aún permanece viva.

Y permanece viva porque todos vosotros os habéis encargado de que así sea.

Es más. Os digo que NO habéis sido convocados al pleno extraordinario del 175 Aniversario de la Diputación de Málaga en calidad de testigos.

Os hemos invitado porque formáis parte de nuestra historia.

Cada uno de vosotros ha contribuido a configurar su carácter, a definir sus competencias, a darle forma y pulir sus fisonomía.

Alcaldes, empleados de La Casa, políticos de diferente signo, periodistas y ciudadanos de a pie.

Todos vosotros habéis participado en su construcción, formáis parte de su historia y os invito a que construyáis su futuro.

Todos vosotros representáis a la provincia. Y si representáis a la provincia formáis parte de la Diputación.

La Diputación es provincia. Y la provincia es Diputación.

Ambos forman parte de un binomio indisoluble.

Vamos de la mano en el progreso, en el avance económico, en la proyección exterior y en la mejora de la calidad de vida.

Pero también vamos juntos en las dificultades, cuando arrecia el temporal, cuando las llamas se extienden por el bosque o cuando las plagas se ceban con nuestras cosechas.

Estamos unidos mucho antes de que Málaga adoptase la forma de ‘provincia’ según la división territorial ideada por Javier de Burgos.

Llevamos unidos exactamente 175 años.

Dos siglos en los que hemos pasado de diferencias insalvables entre comarcas a una cada vez más completa igualdad entre los malagueños.

Casi doscientos años de cohesión territorial, de vertebración del territorio, de transformación económica y evolución social.

En nuestra historia se guarda el haber implantado la primera red de asistencia hospitalaria o los primeros servicios sociales públicos.

A este grupo de logros también pertenece la red provincial de carreteras que hoy nos conecta o la cultura, que tanto ha hecho por conservar las tradiciones.

Pero nos queda mucho por hacer.

Se abre ante nosotros un horizonte incierto pero esperanzador.

Porque incierta es la pervivencia de un organismo al que le toca redefinir su papel en la sociedad e integrarse en nuevo modelo de administración pública.

Nuestra supervivencia está garantizada en la medida en que seamos capaces de adelgazar su estructura y volver a delimitar tus competencias.

Si aceptamos este reto, entonces habremos vencido la batalla.

Yo estoy dispuesto a aceptar el reto. Y les aseguro que también daré la batalla.

Voy a luchar por la Diputación porque estoy convencido de que merece la pena.

Estoy convencido de su utilidad y del servicio que ofrece.

Es más. Estoy seguro de que la Diputación nos va a sobrevivir a todos.

Sobrevivirá a la crisis económica, a las dificultades financieras y la falta de liquidez en los mercados.

Sobrevivirá también a los elecciones, a los vaivenes políticos, al auge de movimientos como el 15-M o la transformación hacia una democracia más participativa.

La Provincia de Málaga está muy por encima de coyunturas puntuales y también lo está la Diputación.

¿Y por qué les digo esto con tanta firmeza?

Pues porque en los cuatro meses que llevo al frente de esta institución no he atendido a ni un solo alcalde que haya cuestionado el futuro de las diputaciones.

Y les voy a decir una cosa: si ellos no lo cuestionan, yo tampoco.

Son los alcaldes y concejales los que deben hablar.

Son ellos los que deben ahogar el debate que se ha suscitado acerca de nuestro papel en la administración pública.

Si la Diputación no es útil para Sierra de Yeguas, para el Valle de Abdalajís, para Archidona, para Coín o Benalauría que sus alcaldes alcen la voz y lo digan.

Esta es una tribuna abierta a todos.

Insisto. Nos debemos a los municipios que conforman nuestro territorio.

Son ellos los que nos trasladan sus necesidades, los que nos reclaman ayuda, los que nos animan a seguir adelante y también los que fiscalizan nuestra labor cuando no cumplimos las expectativas.

Existimos porque así lo estableció la Constitución de 1812 que nos invitaba a “promover su prosperidad”.

Y es esa ‘prosperidad’ es la que nos mueve a mejorar el servicio, a ser cada vez más próximos y llegar donde no llega ninguna otra administración.

Vamos a recuperar el encargo de 1812 y lo vamos a transformar en ilusión y nuevas oportunidades.

Se ha terminado la época de la Diputación como mera tramitadora de expedientes y de subvenciones.

Se ha acabado el ciclo de adquirir competencias impropias y de crecer hasta adquirir un tamaño ingobernable.

Se ha terminado también el ansia por solapar a los ayuntamientos y anular su autonomía que debe ser algo sagrado e intocable.

Hoy finaliza también la época del gasto sin control. Si los ciudadanos no llegan a fin de mes, nosotros tampoco.

Arranca un nuevo periodo en los que vamos a despejar la maleza, a desbrozar los árboles y despejar los caminos porque el fuego acecha y los pirómanos amenazan.

Es el momento de definir de una vez nuestras competencias bajo un solo principio: una administración, una competencia.

Es también la época de poner rumbo a los municipios que más nos necesitan y eso son los menores de 25.000 habitantes.

Definitivamente es el momento de poner valor añadido a todo lo que hagamos.

Es el momento de crear nuevas oportunidades, de impulsar la iniciativa municipal, de auspiciar los proyectos y alentar a los Ayuntamientos en esta encrucijada.

Debemos mejorar la calidad de vida de los municipios más pequeños.

Es necesario que la Costa del Sol Oriental y Occidental se den la mano y ambas lideren el crecimiento turístico que tanto ha contribuido a nuestro bienestar.

Debemos mantener viva esa bandera al igual que es de justicia potenciar las dos ciudades monumentales de Ronda y Antequera.

Es nuestra obligación contribuir a la industrialización de los sectores productivos en la Comarca Norte y del Guadalhorce.

También se espera de nosotros que avancemos en las comunicaciones viarias y ferroviarias.

En este capítulo no podemos olvidar la ayuda económica que hoy constituye el eje central sobre el que pivota nuestra política de atención a municipios.

En resumen. Se trata de seguir mejorando la provincia de Málaga y para ello cuento con todos vosotros.

Como decía al principio de mi intervención, todos formáis parte de esta historia.

A todos os atañe lo que ocurra con la Diputación.

A todos os afecta, a todos os interesa y de todos depende que podamos continuar adelante y afianzar nuestra misión en la sociedad.

En definitiva, Nuestro futuro es también vuestro futuro.

Os invito, por último, a formar parte de este proyecto.

Si habéis formado parte de su historia, si habéis intervenido en su configuración, si habéis sido partícipes de su transformación, entonces TAMBIÉN SOIS PARTE DEL FUTURO.

Expresidentes, alcaldes, diputados provinciales, concejales, funcionarios y trabajadores de La Casa. Todos vosotros sois diputación.

Cuento con vosotros para el presente.

PERO, sobre todo, cuento con vosotros para construir el futuro.

Y les aseguro que la DIPUTACIÓN TIENE ANTE SÍ UN FUTURO ESPERANZADOR, ILUSIONANTE Y LLENO DE OPORTUNIDADES. 

ES SOLO CUESTIÓN DE TRABAJAR, Y TRABAJAR MUY DURO

MUCHAS GRACIAS.



- Fecha: 28/10/2011

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